12 oct. 2011

EL VERDADERO REVOLUCIONARIO

Hubo un tiempo en el que hablar te costaba la libertad, en el que unas simples pintadas en una pared significaban 9 años de prisión, una época en la que los trabajadores no tenían derechos, sus condiciones de trabajo eran pésimas y no eran escuchados.

Hubo quien se jugó su vida para conseguir esos derechos. Y ahora, unos cuantos años después, los que deberían velar por ellos se dedican a entorpecer la actividad laboral. No escuchan a la totalidad de sus representados y toman decisiones que afectan a otras personas sin pensar en las consecuencias ni en el bienestar de las familias implicadas.

Ahora son otros tiempos. Son tiempos de crisis mundial, de inestabilidad económica, de altas tasas de paro, de desahucios, de inseguridad; y hay quienes juegan con el trabajo de muchas personas, falsean la verdad y no les importa nada. Mientras ellos ganan, otros tantos pierden.

Esos que ganan se creen revolucionarios, se creen guerrilleros que caminan por los montes, alzan el puño y llaman a la unión. Son demasiado atrevidos porque no tienen ni idea de lo que están hablando.

No es su sangre la que se derramó un día porque si lo hubiera sido no olvidarían tan fácilmente la lucha pronunciada por sus antepasados. Hubieran aprendido de la historia. Serían coherentes. Inteligentes. Y abogarían por la negociación y el respeto. Hubieran seguido caminando, formándose, documentándose. Sin embargo parecen anclados en el pasado.

A todos aquellos que dicen defender a los trabajadores y que sin embargo no escuchan su voz, aquellos que defienden los cambios y la lucha del proletariado, aquellos que piden actos revolucionarios, yo, les digo:

El verdadero revolucionario es aquel que cree en la libertad, en la igualdad y la fraternidad.

El verdadero revolucionario es aquel que expone sus ideas bien alto aunque esté en juego su propia vida.

El verdadero revolucionario es aquel que no compromete a sus compañeros, camina sin dar un paso atrás aunque esté solo en la batalla, no juega con el pan de nadie.

Es aquel que avanza sin poner zancadillas a otras personas, es aquel que respeta las decisiones de sus semejantes aunque no estén de acuerdo con sus convicciones.

Es tolerante, no amenaza, no agrede verbalmente, no intenta convencer con su oratoria demagógica  a otras personas -porque no la posee-, lo que pronuncia le sale desde el rincón más profundo de su interior.

El verdadero revolucionario acude a su puesto de trabajo y lucha por su futuro y por el de las personas que dependen de él, su familia.

El verdadero revolucionario grita y llora ante las injusticias, nunca las provoca.

El verdadero revolucionario es una persona sencilla, sin pretensiones, transparente, no es narcisista.

El verdadero revolucionario no quiere un puesto de poder para ser escuchado, no lo necesita, porque su palabra danza con el eco del viento de corazón en corazón.

El verdadero revolucionario lucha sin descanso.

El verdadero revolucionario sigue avanzando, no vive aferrándose al tiempo vivido ni a los discursos ya pronunciados por otros. No permanece estancado. Evoluciona. Se renueva y crece culturalmente.

El verdadero revolucionario cree en la igualdad, no quiere para otros lo que no querría para él.
El verdadero revolucionario cree en la libertad y por tanto no coacciona al prójimo para que le siga en el camino y deje de ser libre. Porque sabe que la libertad de uno mismo termina dónde empieza la del otro.

El verdadero revolucionario cree en la fraternidad, no se aprovecha de sus compañeros para conseguir sus propios intereses y objetivos. Les escucha atentamente y se pone en su piel para entenderlos.

Porque como dijo un día un revolucionario: “La revolución se lleva en el corazón, no en la boca para vivir de ella”.

Hay quienes juegan con el futuro de otras personas, hay a quienes se les llena la boca hablando de la fraternidad, de la igualdad de oportunidades y de la libertad frente a la opresión, y pretenden ser lo que no son. Se creen lo que no son. 

Hay quienes van de revolucionarios y visionarios del futuro y no son más que lobos disfrazados de ovejitas, egoístas, oportunistas y fascistas que no respetan las opiniones de la mayoría.

Son esos mismos los que se quejan de que no hay democracia.

Son esos mismos los que pretenden cambiar el mundo y se dedican a empeorarlo.

Son los mismos que en otro tiempo no tan lejano, permanecían encubierto mientras otras personas se jugaban su futuro y el de sus familias, su vida y su libertad.

Como dijo ‘Ernesto Guevara de la Serna’: “El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor”.

El problema es que no todo el mundo debe conocer muy bien la definición de amor. 

Del amor al prójimo, del respeto y la valoración del ser humano. Y aman solamente su propio ombligo, olvidando que en este mundo no se vive en soledad. Nuestras acciones pueden perjudicar la vida de muchas personas, es demasiado importante lo que está en juego, hay que razonar.

En tiempos de inestabilidad hay quienes queremos estabilidad.

+ Relato creado con mis manos desde lo más profundo de mi corazón. En relación a una huelga convocada -con la que el 80% o más de la plantilla no está de acuerdo- en una empresa química, que afecta a mi familia y a nuestro futuro.

Parece que hay quien no se entera de la que está cayendo en el mundo o no se quiere enterar y juega con el trabajo y el futuro de los demás.

5 comentarios:

  1. Si invirtieran más en educación y en formar a gente de provecho, firme y leal; esto no pasaría.
    Invirtieran en eso y no fomentaran la fuga de cerebros, claro.
    Ánimo y fuerza para tu familia.

    Un fuerte abrazo preciosa!

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  2. En lugar de ayuda recortan de las dos cosas más importantes: la salud y la educación. Como ya keíste en mi reseña sobre la piel de la memoria:
    El conocimiento nos hará libres. No entiendo como puede haber gente que prefiera seguri viviendo en la ignorancia...
    Un texto precioso.
    Mucho ánimo y ojalá que todo salga bien.

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  3. Estoy de acuerdo, pero de alguna manera hay que llamar la atención de los que poseen el motor del mundo. Si ya lo decía un profesor mío, puedes quitarles todo, pero nunca el circo y el pan. Y cuando el circo es constante (véase tele5) y el pan escasea, algo huele a chamusquina.

    El problema es que quién se levanta, no siempre lo hace con las mejores intenciones ni tiene en cuenta las verdaderas consecuencias. Porque a muchos de los que organizan estas revueltas nunca jamás les faltarán ni el pan ni el circo...

    Todo está muy sucio, demasiado.

    Y si me permites, voy a añadir una cita de Mayo del 68 que para mí lo significa TODO:

    "Toda acción debe ser una creación no una reacción"

    Besos y mucha suerte

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  4. Revolucionaria ¡soy enfermera, qué me vas a contar! los que nos defienden pactan con los gestores para conseguir preservar todos nuestros derechos supuestamente, cuando todo se traduce en lo contrario, como dices han perdido el amor al prójimo y sólo aman el poder.
    Los trabajadores nos cruzamos de brazos y dejamos que nos arranquen los derechos y todos nos sumimos en una horrorosa impotencia y conformismos que muestra, que es cierto, no fuimos los que luchamos en el pasado.
    Confío en que el mundo despierte, y que las cosas cambien, y que la igualdad, la justicia y la equidad sigan siendo posibles, y nadie deje la revolución sólo en la punta de su boca.

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  5. Me encantó lo que pusiste hoy, todo un manifiesto de la realidad!
    Un abrazo

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