20 sept. 2011

EL GRITO DE LAS AVES NEGRAS

Camino de rodillas por la nieve espesa mientras mis venas se desangran a cada nuevo tic-tac en el reloj de mi pecho.

Las huellas de mis botas antes pronunciadas están ya totalmente desdibujadas.

Las gotas líquidas color escarlata se funden con el hielo puro, tiñendo de carmesí su escalofriante escarcha.

Y me siento bien. Son muchas las veces que me he desangrado. Esta tan solo es una más.

Centenares de pájaros negros revolotean en el cielo no muy lejos de aquí. Cantan alocados, gritan alocados. 

Y sus graznidos no me atormentan. Están esperando mi muerte para poder velar por esa parte de mí que siempre perece. 

Que agoniza una y otra vez.

Sus  reclamos no me dan miedo porque su crascitar siempre me ha infundido fuerzas, fuerzas para resurgir como un guerrero, fuerzas para seguir adelante aunque a veces camine derrotada.

Sé que cuando acabe por desangrarme ellos recogerán mi corazón congelado y contaminado, lo transportarán en sus picos atravesando la inmensidad del infinito, lo acunarán entre sus plumas color azabache, lo sanarán con su saliva, se darán el relevo unos a otros hasta que yo me sienta totalmente recuperada.

Bajarán desde el cielo para beber la última gota de mi sangre infectada de agrios recuerdos y cuando mis muñecas estén totalmente limpias y secas, con mucho cuidado colocarán mi corazón tras mi pecho. Y entre todos me alzarán, me ayudarán a  levantarme. Me harán volar para que vuelva a pelear por mis sueños.

Y cantarán su danza macabra para mí, impregnando de ánimo mis venas, dando cuerda a mi corazón, reparando mi alma. Y de su oscuridad se desprenderá la vieja luz, esa luz que siempre me ayuda a encontrar el camino, esa luz que penetrará mis pupilas y me ayudará a ver lo que nunca debería dejar de ver. Mi propia esencia.

Y cuando la oscuridad navegue entre los estruendos de las tormentas, ellos volverán a cantar para mí, recordándome quién soy.

No importa si el sol me arruga la piel, no importa si la tristeza de los días grises revolotea cerca de mí queriéndome abrazar, no importa si las noches son tan oscuras que no brillan ni la luna ni las estrellas, ellos siempre estarán ahí, vigilantes, acompañando mis pasos.

Y de entre los truenos retronarán las voces que llevo dentro.

Caeré y renaceré.

Moriré y resurgiré. Como siempre.

Y no me importará desangrarme en palabras, una y mil veces, porque sé que solo así sanará mi ser.

Y de entre los truenos retronarán las voces que llevo dentro.

Porque mi alma es negra, es negra al igual que su aterciopelado plumaje, porque “nunca llueve eternamente”, ellos me lo han enseñado, porque con sus gritos me ayudarán a resurgir, a alzar mi espada para combatir al enemigo.

Y cantarán su danza macabra para mí, impregnando de ánimo mis venas, dando cuerda a mi corazón, reparando mi alma…

Y cantarán su danza macabra para mí, las aves negras. Los cuervos de la noche altivos entre los relámpagos de luz de las tormentas.


+ Banda sonora: AMON AMARTH_Cry of the Black Birds


2 comentarios:

  1. Siempre hay que levantarse. No queda otra, pero resurgiremos con ánimos.

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  2. Me ha encantado el relato. Tanto el estilo como lo que narras. Y la música ha sido un buen descubrimiento para mí, ya conocía al grupo pero hasta ahora entre unas cosas y otras nunca me había parado a escucharlos, claro error.
    Una buena canción y un buen relato : )
    Siempre encontrarás una forma de volverte a levantar, eso te hará cada vez más fuerte.
    Un beso

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