7 may. 2011

EL LABERINTO DE LA FELICIDAD

Felicidad...

¿Miedo a ser feliz?, ¿Miedo a qué todo lo que tenemos, si lo escribimos en un papel se nos vaya?, ¿Miedo a qué las sombras aparezcan y no encontremos la luz al final del túnel?, ¿Miedo a vivir?

Siempre los miedos.

Leí en un libro, que “los miedos eran una oportunidad, el medio de descubrir lo que necesitas encontrar”, y puede que sea cierto.Si sabemos nuestros miedos, sabremos a qué le tenemos que hacer frente.

A veces tenemos miedo a ser felices, porque sabemos que después de la felicidad ya no podremos aspirar a nada más, la tendremos, será nuestra, tendremos que hacer uso de ella, tendremos que ayudar a los demás a que la puedan conseguir, y ya de nada valdrá sonreír a 'medio gas'…

Tenemos miedo a perder lo que tenemos porque sabemos lo que es no tener, pero también nos asusta poner en una lista lo que tenemos, porque sabemos muy bien lo que es, y puede ser más de lo que aspiramos, o pensemos que sea más de lo que merecemos.

Incluso un pavor tremendo a morir, porque como bien dice este libro, “las personas a las que les aterra la idea de morir en realidad tienen un gran anhelo de vida, pero no se atreven a vivirla según les dicta su corazón.Temen morir: porque les causa amargura abandonar este mundo sin haber cumplido su misión”.

Los miedos nos paralizan, pero a veces tememos aún más luchar y conseguir lo que queremos, porque entonces ya no habrá miedos, no nos podremos quejar, no podremos suspirar por inalcanzables, porque ya no serán inalcanzables…

Tenemos miedo a ser felices, a sonreír, y sonreír, y no tener que preocuparnos nada más que de vivir.

Los miedos, nos hacen sentirnos confusos y perdidos, nos hacen abandonarnos en un jardín inmerso, en un laberinto de dudas, y sólo cuando creemos en nosotros mismos, encontramos la felicidad, encontramos el camino; y encontrarnos a nosotros mismos, implica encontrar lo que un día fuimos, cuando no existían los problemas, cuando no existían las dudas, cuando simplemente vivíamos y éramos totalmente felices…

¿Sabéis a qué etapa me refiero verdad?, ¡Si!, ¡Si! ¡A nuestra niñez!

En esos tiempos éramos lo que queríamos ser, y no nos importaba nada más.

¿Por qué malgastamos nuestro tiempo con dudas, y no nos limitamos a vivir, a disfrutar de todo aquello que nos está esperando ahí afuera?

Nosotros mismos nos hacemos débiles.Hoy brindo por ser fuertes.

Brindo por sacar el niño que llevamos dentro, en algún rincón del corazón, y luchar por ser lo que queremos ser, luchar, vivir, VIVIR y sonreír…sin atormentarnos con nada más, porque la vida ya es demasiado difícil, y a veces nosotros mismos nos la complicamos cuando debería ser simple.Ya vendrán tiempos en los que no sea fácil vivir…

Deberíamos no temer a la felicidad, y dejar de buscarla, quizá la tengamos muy cerca, y no la encontremos de tanto suspirarla.


* Una vez más gracias a un libro, “El Laberinto de la Felicidad”, de Alex Rovira y Francesc Miralles (le debo tanto a este autor…), he crecido en mi interior, y he encontrado el camino.

Si este libro hubiera llegado a mí años atrás, quizá me hubiera valorado más en su momento, pero creo que todo aprendizaje en la vida lleva su tiempo, y tiene lugar en el instante adecuado.Si no, no seriamos quiénes somos.


Y gracias a los que ayer, firmásteis en mi anterior entrada, por vuestras palabras, me habéis dejado sin saber qué decir. Una sonrisa gigante se apoderó de mi rostro.¡GRACIAS!

3 comentarios:

  1. Cuando éramos niños también le teníamos un gran miedo a la vida, al futuro, a lo que seríamos o no. Lo que sucede que hace tanto de eso que ni nos acordamos. Yo sí, yo fui una niña miedosa y soy una adulta miedosa. Los miedos son camaleónicos y en cada etapa tansmutan y se anclan, por eso un miedo es siempre a algo nuevo. Un miedo que antes no estaba y que irrumpe de pronto por un suceso.
    El miedo tiene mucho de irracional y la valentía mucho de despreocupación.

    Sin desmerecer a esos grandes autores, yo tengo mi guía de luz: Bernabé Tierno. Me leo todos los libros suyos que encuentro y mis miedos se hacen tan chiquitos que ni los veo.
    Saludos

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  2. Uhm... Lo primero es lo primero: me encanta el texto, pero eso ya lo sabes, así que no voy a darle más vueltas. Me gusta ese llamamiento a regresar a la infancia, a la despreocupación de los primeros años, a ese vivir y disfrutar cada rayo de sol, cada música, cada segundo, en una época en la que cinco minutos eran toda una vida.
    Por lo demás, la verdad es que para eso siempre he sido muy zen, o lo soy desde hace unos (pocos) años. Tenemos lo que tenemos, y somos lo que somos, nunca seremos ni tendremos más ni menos de lo que realmente es. La apatía, el miedo, la tristeza, el dolor... no son más que emociones que nosotros sentimos, y como protagonistas de éstas, no hay que darles más importancia que la que realmente tienen, que entre nosotros, no es tanta como parece.
    El mido nace de la incertidumbre, y la incertidumbre nace de no conocernos a nosotros mismos. Es en el conocimiento de nuestro ser, de nuestras emociones, de nuestros anhelos, en lo que nos hacemos fuertes y podemos encarar el mundo sin miedo, disfrutando como niños -tomando tus palabras-, y degustando de lo que tenemos sin preocuparnos del futuro.
    Porque son las pequeñas cosas las que realmente deben hacernos felices: la persona amada, la sonrisa de un niño, un rayo de sol, una gota de lluvia, un buen libro, una caja de bombones, una comida preparada con cariño, un comentario cuidado, una caricia inesperada, el abrazo fuerte de un amigo, la carcajada de otra persona... cosas pequeñas que, en realidad, son enormes.
    Y bueno, cumplir sueños debe estar bien, pero creo que prefiero morirme sin haberlos llegado a cumplir del todo, pues sólo así seguiré en movimiento hasta que la parca decida llevarme allí donde ella tenga a bien que mi alma o lo que sea deba descansar.

    Un abrazo para los dos y déjate de rollos:
    Gracias a ti, me hace feliz saberme protagonista de al menos un cachito chiquitín de esa sonrisa que mencionas.

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  3. Muchas gracias por tu texto, Rebeca!
    Tus escritos están siempre llenos de poesía, lucidez y profundidad.
    He tenido el blog de Picasso abandonado desde Sant Jordi, pero espero este miércoles retomarlo para un post semanal.
    Un abrazo y gracias por tanto!
    Francesc

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